—Señor, le dije, me permitireis que me quede con mi opinion.

—Daniel, esclamó mi mujer desolada, en nombre del cielo no insistais, ved que os perdeis!

—Válgame Dios, querida amiga, repuse sonriendo, y con qué voz me dices eso. Me parece que oigo á la pobre Rachel en el papel de Roxane:

Ecoutez Bajazet! je sens que je vous aime,

Vous vous perdez; gardez de me laisser sortir.

Por toda respuesta Jenny alzó los brazos al cielo, y tomando á Enrique de la mano huyó del cuarto ocultando la cabeza en su pañuelo.

—Mil bombas! dijo el Coronel, por qué aflijís á vuestra mujer! Qué diablo! se puede mentir para ser agradable á las damas. No sois francés, con mil de á caballo!

—Querido vecino, dijo el abogado hablando á media voz, como si comenzára un alegato,—razonemos. Si habeis estado en América, debeis haber visto aquel país en detalle, debeis conocerlo á fondo; si habeis soñado, no podeis tener al respecto, sino ideas incompletas, confusas, y, para decirlo todo de una vez, quiméricas. Permitidme que os dirija algunas preguntas que os conducirán á la vida real, y que os permitirán que os convenzais por vos mismo de la falsedad ó verdad de vuestras impresiones.

—Hablad, señor, os escucho.