—Arre! dijo el Coronel, treinta y cinco nidos de abogados y de charlatanes. Si semejantes locuras fueran posibles, yo haria espresamente el viaje, para hacer saltar por la ventana esas treinta y cinco nidadas!
—Presenten armas, pré-pá; y todos los pájaros echan á volar; entonces si que se tiene un gobierno que no se enfurruña.
—Hay ministerios? repuso el abogado con su voz menos aguda.
—Sin duda.
—Un Ministerio, de Cultos, por ejemplo?
—No, las Iglesias son sociedades independientes. Cada cual puede abrir un templo sin tener nada que temer de la ley.
—Es imposible, dijo el abogado. Seria entregar la sociedad á las intrigas de los frailes y á todos los odios relijiosos. Habria todos los dias una San Bartolomé.
—Señor, respondí, la cosa puede ser imposible, pero existe; y añado que en ningun pais hay mas tolerancia y caridad.
—Efecto del opio! dijo Olybrius.
—Y no solo la Iglesia es libre, continué, animándome, sino la escuela y el hospicio tambien. Cada cual puede enseñar, cada cual puede aliviar la miseria sin necesidad de tenderle la mano al gobierno, ni de dirijirse á la policia como si tratára de allanar un lugar sospechoso.