—Coronel, le dije, durante sesenta años la América no ha tenido necesidad de ejército; cuando la paz y la Union se restablezcan, licenciará el que tiene, porque como decis, aquella sociedad se compone de paisanos.

—Basta jóven, dijo frunciendo el ceño. Respetad mi bigote blanco. Tengo buen jénio, voto vá á sanes! Pero tengo ensartado algunos por haber charlataneado muchísimo menos de lo que vos lo habeis hecho durante un cuarto de hora.

—Efecto del opio, dijo Olybrius. Cómo han de vivir sin jendarmes ni ejército? Podrian á cada hora del dia reunirse en la calle, ó en otra parte, hablar de política, criticar al gobierno, salir armados y qué sé yo.

—En efecto, señor, repuse, todo eso se hace y la paz no es turbada. Los ciudadanos libres, y acostumbrados á la libertad saben conducirse por sí mismos. Cuando hay necesidad, la ley está ahí, basta un oficial de policia y un juez para mantener ó restablecer el órden.

—Basta, dijo Reynard, lanzándole una mirada á Olybrius. Doctor, estoy convencido.

—Y la medicina, dijo el solemne imbécil, dando vuelta su caja de rapé entre los dedos, cómo es ejercida en ese pais de cucaña?

—Precisamente, respondí, es una de las cosas que me ha llamado mas la atencion; las mujeres, la practican, y con éxito.

—Arre! dijo el coronel, ojalá hubiera tenido de mayor un guardapiés, cuando estuve tres meses echado de espaldas en Constantina con una bala en la pantorrilla! Habria dado todos los medios por una médica.[67] Y vaya un calembour!

—Por supuesto que esa no es la única profesion que las mujeres ejercen; se han apoderado de la enseñanza; ellas son las que educan á la jóven América.