—Eso debe hacer lindos soldados, dijo el coronel. Hé ahí una escuela donde deben enseñar á darse de trompadas, primer aprendizaje de la guerra y de la civilizacion! Qué produce esa educacion? Tenderos y modistas.

—Produce seiscientos mil voluntarios que se baten como héroes.

—Vamos, vamos, dijo el coronel, no me reciteis el diario. Hace dos años que mi gaceta me habla todos los dias de esos famosos conscriptos que corren unos tras de otros sin alcanzarse jamás. Ah! si yo estuviera allí, solo con mi 14ᵒ de infanteria lijera, cómo me divertiria, satisfaciendo los votos del gobierno. Estoy harto de América; pido que me hablen de otras revoluciones, para variar un poco y divertirme.

—Coronel, supongo que no defendeis la esclavitud.

—Un bledo se me dá de vuestros morenitos; pero en cuanto á vuestros Americanos los exécro. Es una turba de pobretes y demócratas que está dando el peor ejemplo á la Europa y echando una mancha á la civilizacion. Así deseo que el Norte se trague al Sud, y que se ahogue tragándolo. Hé ahí mi política, y hay muchos otros de mi opinion, voto vá á sanes!

—Señor, me dijo Olybrius, levantándose con majestad, permitidme reasumir en algunas palabras vuestra conversacion. Las contestaciones de estos señores, vuestros amigos y vecinos,—contestaciones llenas de sentido y de verdad, han debido convenceros de que vuestro cérebro no se halla en estado normal. Una sociedad sin administracion, sin ejército, sin jendarmes, la libertad salvaje de rezar, de pensar, de hablar, de obrar cada cual á su manera, es á no dudarlo, convendreis en ello, una de esas abominables pesadillas que solo el opio puede producir. Vuestro sistema no duraria un cuarto de hora siquiera; es la negacion de todos los principios y de todas las condiciones de esa civilizacion que hace la unidad de nuestra gran nacion. Constituyendo una administracion jerárquica y centralizada,—la sabiduria de nuestros padres hace mucho tiempo que ha elevado á la Francia al primer puesto, enseñándoles á los Franceses que la libertad es la obediencia. Nuestra gloria y nuestra fuerza estan ahí, no lo olvideis querido cófrade, y volved en vos. Esas ideas anárquicas que turban vuestro cérebro, que jamás entrarán en una cabeza francesa, os dicen suficientemente que estais enfermo y tanto mas, cuanto que no lo sentís. Es urjente que os cuideis; añado que solo un tratamiento enérjico puede devolveros la posesion de vos mismo y la calma que habeis perdido.

—Porqué no decis inmediatamente que estoy loco y que es menester encerrarme?

Olybrius suspiró, tomó una narigada de rapé con el índice y el pulgar, la aspiró lentamente, y me miró con aire contrito.

—Pobre amigo, dijo, estais gravemente atacado, pero yo os salvaré, sí, os salvaré aun á vuestro pesar.

Sentía que la cólera tronaba en mi corazon, y me contenia á duras penas.