—Señor Truth, dijo con su mas almibarada voz, ¿tendriais la bondad de anunciar en vuestro exelente diario que el honorable M. Little acaba de donar diez mil dollars al hospicio de niños, cinco mil dollars á los pobres de la ciudad y cinco mil á la biblioteca municipal?

—El empréstito mejicano vá bien, dijo Humbug: Little es un judio piadoso que paga el diezmo al Señor.

—El empréstito mejicano está abandonado, respondió Fox; M. Little se ha asegurado de que las garantías ofrecidas por el gobierno de Méjico no eran sérias.

—¿De dónde viene esa jenerosidad sospechosa? preguntó Humbug: ahí hay una terrible especulacion en juego, y esos veinte mil dollars nos costarán caro.

—Siempre sospechas,—interrumpí yo, y ¿por qué?

—Es que soy un viejo periodista, respondió Humbug; creo en la virtud de los banqueros como en la simplicidad de los cuácaros.

—Se os convertirá, viejo pecador, respondió Fox riendo.

—¡Gran noticia en la Bolsa! dijo M. Eujenio Rose, volviendo á entrar.

—El empréstito mejicano ha sido retirado, dijo Humbug, ya lo sabemos.