—Pero lo que no sabeis es que el intendente ha presentado su renuncia, y que se propone á M. Little para reemplazarlo.

—¡De veras! dijo Fox; eso no es posible. M. Little no me ha dicho ni una palabra; dudo aun que sus numerosos negocios le permitan desempeñar ese importante puesto.

—Escelente Fox! esclamó Humbug, si tiene la inocencia de un cordero! Vos vereis, abogado honrado, como M. Little se decidirá á ese gran sacrificio.

—Pero nosotros somos jentes delicadas, dijo Truth, y por nuestra parte, no le impondremos una carga tan pesada; combatiremos su eleccion.

—¿Y por qué? esclamó Fox.

—Ese, dijo Humbug, ese es el secreto de la comedia; no se pregunta.

—De manera que, replicó Fox, os encontramos siempre contra nosotros, virtuosos puritanos, raza orgullosa é insaciable; pero que me condene si no vengo algun dia á quemaros en vuestro avispero, abejones inútiles que no sabeis sino fatigarnos el oido con vuestros odiosos zumbidos!

—Fox, amigo mio, dijo Humbug, no pongais mi paciencia y mi brazo á prueba: os haré pasar por la ventana.

Fox no esperó una amenaza cuya ejecucion era demasiado cierta; por mi parte, salí, conmovido y turbado con todo lo que habia escuchado. La razon y la educacion me decian que la prensa es una arma cargada contra el poder y la sociedad; veinte veces los mas sábios ministros me han inoculado esta verdad preciosa; pero por otra parte, estaba impresionado por lo que habia de grande y de jeneroso en la conducta de Truth, de bravo y de decidido en el papel de Humbug. Tomar á pecho la causa de las gentes honradas contra todos los bribones, de que rebalza el mundo, estar todos los dias de caza, y perseguir sin descanso el robo, la injusticia la mentira, es algo sin embargo. Un pueblo que cuenta con tales hombres no es un pueblo vulgar.