—Doctor ¿habriais encontrado la piedra filosofal? Saber de antemano lo que esas jentes dirán es un secreto que se busca todavia; el único medio de evitar ese escándalo que os aterroriza es enmordazar á todo el mundo: remedio heróico que mata á las jentes para impedirles que vivan mal. ¿Es esa la medicina que poneis en práctica? Esos pillos, direis son pagados para ejercer un oficio innoble; abusan de la libertad, la prostituyen; convengo en ello, pero ese abuso nos garantirá el uso de nuestros derechos. Hay señoritas que abusan del derecho de pasearse por las calles, ¿encerraremos por eso á nuestras mujeres en un harem? Hay jentes que se matan por la glotoneria y la borrachera, ¿nos sujetareis por eso al réjimen de Sancho en la ínsula Barataria? Por miedo á un incendio, ¿prohibireis los avios de encender y los fósforos? Por miedo á un asesino ¿nos quitareis uno de los primeros derechos de los pueblos libres, el derecho de tener armas? Toda libertad arrastra consigo un abuso posible: toda fuerza y todo instrumento hace lo mismo. Suprimir la libertad para evitar el abuso, impedir el bien para impedir el mal, es hacerle el proceso á Dios mismo, y probarle que no entendia jota de la creacion.
—Si no podeis evitar la calumnia, esclamé, castigadla; inventad suplicios terribles; herid al que me quita el honor como heris al que me arranca la vida.
—Teneis abiertos los tribunales, respondió Humbug; pero el desprecio es una justicia mas pronta y mas segura. Mañana los electores os vengarán de las injurias de hoy dia. ¿Es cierto por otra parte que nos hayan calumniado? Por lo que á mí respecta no me siento herido.
—No sé lo que teneis en las venas, le dije, arrancándole el diario de las manos. Oid como un anónimo cobarde se atreve á tratar á un hombre de mi posicion y de mi edad, en seguida os mostraré como se castigan semejantes infamias.
Y con voz trémula de cólera leí lo que sigue:
“El doctor es un triple necio: Es un necio de nacimiento á quien treinta años de estudio han puesto mas necio todavia; no le faltaba mas que un ápice de ambicion para perder el poco sentido comun que el trabajo le ha dejado. Se conoce la locura de que padece este infeliz que no vé mas allá de sus narices. Estúpido admirador del pasado, su ideal es la vieja Europa; no vé nada mas bello que esas sociedades decrepitas, donde la tradicion romana ó el despotismo de la administracion ahoga toda independencia y toda vida. El sábio Smith, la gloria de veinte academias desconocidas, es uno de esos tembladores que el dia de la creacion, habria gritado: “Deteneos, mi Dios; vais á descomponer el Caos!” Se parece á esos conductores de los caminos de hierro que dan la espalda al tren que los arrastra. No vé, no admira si no lo que huye y desaparece en la sombra del pasado; no siente que detras de él se levanta un sol y un mundo nuevo: el reinado del individuo, el triunfo de la libertad. Que semejante momia se quede en su gabinete de curiosidades y reciba la adoracion de los papanatas, nosotros no iremos á molestarlo allí; pero á la gran luz de la vida pública, ¿qué harán esos ojos estinguidos, esa boca muda, ese brazo inútil? Lo que necesita nuestra jóven y gloriosa república, son hombres de nuestra época, banqueros que hagan avanzar la civilizacion creando dia á dia nuevas empresas y acciones, oradores que nos guien hácia los destinos magníficos que el porvenir nos reserva. Dejemos á los muertos sepultar á los muertos; vengan á nosotros los corazones que se abren á todas las grandes aspiraciones sociales, las cabezas que se ajitan con las cuestiones palpitantes de la actualidad. Que los bobos y los flojos voten por sus viejos ídolos, nuestros candidatos son los hombres que la Europa nos envidia, el hábil y jeneroso banquero Little, el elocuente y célebre abogado Fox!”
“Mañana la voz del pueblo, saliendo del escrutinio, como el trueno que sale de la nube, proclamará por toda la América la victoria de los elejidos de la Democracia: Viva Little, viva Fox!”
—Bravo! dijo Humbug, estais picado doctor. Hé ahí un bello trozo; nada que ataque vuestro carácter; bromas un poco fuertes, es cierto; pero con cierto tacto, verbosidad, finura, sin hablar del estilo á la moda. El mozo que ha escrito ese trozo no es un imbécil.
—Acompañadme á la oficina del Lince, dije á mi vez; y vereis como un triple nécio cachetea á un mozo de injénio; es una leccion que necesita ese señor.
—¿Estais loco? esclamó el hombron levantándose de una pieza. Si otro que yo os escuchára, os harian dar una fianza de diez mil dollars ú os enviarian á la penitenciaria. ¿Nos tomais por los Pieles-Rojas? ¿Sois cristiano? En las soledades de Arkansas es donde los furiosos discuten revolver en mano; en Massachusetts no hay mas venganza que la de la ley. En un pueblo civilizado se habla mucho y se querella vivamente; pero no se asesina á un rival, ni tampoco se bate uno con él.