—Error colosal, amiguito, repuso el jendarme con un aire de desprecio que me sublevó. Los que obedecen han sido hechos para los que mandan; los que mandan no han sido hechos para los que obedecen.

—Pero nosotros somos la Francia, somos el pais.

—El pais, amiguito, dijo el impasible sarjento, se compone de mariscales, jenerales, coroneles, capitanes, tenientes, prefectos, intendentes y otras casacas bordadas que yo respeto; el resto es un ato de conscriptos y de contribuyentes que debe obedecer y callarse....

—¿Sin murmurar, no es esto? conozco esa cancion. Ah! si tuviésemos justicia!

—No tendríais administracion, paisano; seríais un Iroques, como los ingleses y otros caníbales que hacen lo que quieren. No tendríais el honor de ser un civilizado y un francés.

—Número dos, continuó. Al señor Lefebvre, por haber tenido la audacia de pasear de puerta en puerta su triste persona: significacion del señor Prefecto, que lo destituye de sus funciones gratuitas de miembro de la oficina de beneficencia, esperando mejor conducta.

—Toda candidatura es libre, esclamé.

—Sin duda, respondió el jendarme, es libre; pero con la autorizacion de la autoridad.

—Número tres. Al susodicho Lefebvre, por haber distribuido ó hecho distribuir boletines electorales que llevaban su nombre, ó el de ciertos quidams, igualmente desconocidos y escandalosos: obligacion de comparecer de hoy en ocho dias hábiles, ante los señores presidente y jueces que componen el tribunal de policia correccional, para responder por el susodicho Lefebvre, al delito de distribucion de impresos no autorizados.

Cómo, ¿no puedo distribuir á mis electores el boletín que lleva mi nombre?