—Lo podeis todo, amiguito, respondió el jendarme,—con autorizacion de la autoridad. Pero, como si no convenis en ello ¿os imajinais que la autoridad protectora y tutelar ha de dejar hacer á los papanatas una tontera que dejeneraria en oposicion? ojalá fuese yo el gobierno, os encerraria debidamente, esperando mejor oportunidad!
—Número cuatro. Al susodicho Lefebvre por haberse juntado públicamente á una pandilla de quidams, reunidos en una titulada asamblea electoral; lo que constituye un club, sino es una sociedad secreta, obligacion de comparecer ante el susodicho tribunal, para verse condenar á prision en virtud del artículo 291, del Código penal, esperando otra resolucion.
—Número cinco. Al susodicho Lefebvre, por haber incitado á su hijo menor á pronunciar en el susodicho club un discurso incendiario contra la honorable y discreta persona de M. Petit, candidato de la autoridad: obligacion de comparecer ante el susodicho tribunal, como fautor, complice y ademas como civilmente responsable del susodicho delito; esperando se corrija.
—Qué ¿no tengo derecho para reunir mis electores, y no tienen ellos el derecho de saber lo que piensa su representante?
—Tienen todos los derechos, amiguito, respondió el sarjento, pero siempre con la autorizacion de la autoridad. ¡Linda cosa, seria que en una caserna dejáran á los soldados reunirse y gritar sin permiso.
—Pero nosotros no estamos en una caserna.
—A palabras necias oidos sordos, repuso el jendarme. Sin embargo, paisano, quiero condescender hasta ilustrar vuestra ignorancia profunda. Todo francés ha nacido soldado y ha sido hecho para esperar la palabra de órden. Cuanto mas mandado está, tanto mas contento se halla. Que no se altere la obediencia que hace su alegría. Si yo fuera gobierno, colgaria á todos los hablantines, esperando mejor oportunidad.
—Número seis. Al susodicho Lefebvre, por haber cubierto ó dejado cubrir las murallas con carteles insignificantes y criminales; item por haber organizado ó dejado organizar una procesion revolucionaria, y preparado una asonada inconveniente, que habria estallado á no ser las precauciones y la vijilancia de la policía, que siempre tiene abierto el ojo; obligacion de comparecer ante el susodicho tribunal; para verse y oirse condenar á las penas dictadas por la ley, esperando se corrija.
—Por favor, sarjento, esclamé, por favor, señor jendarme! soy víctima de un error. En Francia, sin duda, seré un gran culpable; pero estamos en América, soy inocente. Lo que es un crímen en Francia es un derecho en los Estados Unidos.
—Hacedme merced de vuestros favores, respondió el inflexible jendarme sacando de su bolsillo algo que parecian esposas. Como particular, no tengo el corazon insensible, me lisonjeo de ello, pero, en este momento, soy el órgano de la ley.