—Entonces la ley es una fanfarronada.
—Silencio, rebelde, basta de conversacion.
Si se les escuchára, serian todos inocentes como un recien nacido. Inocente ó no, pekin[29], sospecho que eres sospechoso, y por precaucion te apaño.
Diciendo esto, me apretó el brazo con tal fuerza que lanzé un grito de dolor. Ese grito me recordó. Gracias á Dios, era un sueño.
Encendí el gas para sacudir aquella pesadilla abominable. Horror! en el fondo de la cama descubrí la sombra de un brazo amenazante, y ese tricornio y ese pompon que hacen palidecer á los mas atrevidos.
Helado, temblándome el corazon, quedé inmóbil como un criminal que espera la sentencia de muerte. En aquel momento cantó el gallo del cuco, el gallo que hace huir á los malos espíritus de la noche; me dí vuelta hácia la pared.... y lanzé una carcajada. El brazo de que me espantaba, era el mio, ese tricornio era la sombra de mis cabellos alborotados; ese terrible pompon, en fin, era la punta de mi.... No concluiré por respeto al pudor de mis lectoras.
Apagué la luz, y volviéndome á mi cama:
—Oh jendarme, esclamé, bravo y leal soldado, corazon sencillo y jeneroso, nadie mejor que tú representa el órden público en un pueblo que no concibe la autoridad sino en uniforme, y la paz sin una espada en la mano! Espanto del mendigante y del vagabundo, remordimiento del cazador furtivo, conciencia del hostelero y del vendedor de vino, relijion y moral del paisano, brazo derecho del señor Intendente, órgano del señor Prefecto, oh jendarme! yo te respeto y te amo; pero perdona las temeridades de mi fantasia; yo quisiera que algun dia la miseria no fuera ya un crímen; quisiera que la policía no impidiera el bien que superabunda por evitar el mal, que no es mas que la escepcion; quisiera que la libertad, devuelta á todos los ciudadanos, arrojase de nuestras leyes delitos que no lo son; quisiera en fin, (¡ho ministro de la autoridad no os encojais de hombros!) quisiera que solo la justicia te impartiese órdenes, y que tu mision vengadora se redujera á perseguir á los pícaros y á encarcelar á los bandidos denunciados legalmente!
Yo sé, oh sarjento! cuanto te hará reir esta utopia americana, pero yo la lego al siglo vijésimo primero, como el pensamiento que, algun dia, inmortalizará mi nombre. Entonces pido que en mi ciudad natal, en medio de la plaza que reemplazará mi calle y mi casa, se me eleve un busto imajinario encima de una fuente sin agua, y que se grabe en ella la inscripcion siguiente:
AL SOÑADOR
QUE
EN 1862
PEDIA QUE LA JUSTICIA
SOLO TUVIERA
EL DERECHO DE ARRESTAR Á LOS CIUDADANOS
Y SOLAMENTE POR DENUNCIA LEGAL,
LA JENDARMERIA RECONOCIDA
14 DE JULIO 2089.