—¿Y no habeis comprendido que lo que se invoca no son esas piedras, sinó los santos, de los cuales las estátuas son la imájen?

—No soy un sabio, amo, dijo el negro con aire contrito: pero el ministro, que sabe todo, nos ha prevenido á menudo que no hagamos lo que los papistas, que adoran ídolos.

—Oh predicadores! esclamé, en todas partes sois los mismos! Nada es mas fácil que conocer la fé católica: basta abrir un catecismo; pero el ódio no quiere ilustrarse; lo que le es necesario, es ultrajar la mas grande comunion del globo. Continuad esa obra abominable, digna de vuestro padre, el diablo. No seremos nosotros, los católicos, nosotros vuestras víctimas, los que hagamos uso para vosotros de esas represalias terribles de la calumnia. La verdad nos basta. Todos saben que Lutero y Calvino son dos pícaros que, por ambicion y codicia, han perdido al espíritu humano, embriagándolo de orgullo y de libertad. La mentira ha enjendrado la reforma; la reforma ha enjendrado la filosofia; la filosofia ha enjendrado la revolucion; la revolucion ha enjendrado la anarquía; la anarquía ha enjendrado............

—Amo, dijo Zambo, incapaz de comprender mi santa cólera; si los papistas son cristianos, tanto mejor, me alegro de ello.

—¿Por qué tanto mejor?

—Porque Jesucristo murió por todos aquellos que lo invocan; él salvará á los papistas así como á los otros cristianos.

—Zambo, amigo mio, le dije con un desden supremo por tanta sencillez, vos no sereis teólogo jamás. Id á vuestra iglesia: no os retengo. ¿Dónde están las señoras?

—Mi ama, respondió, está en la iglesia episcopal[30] con toda la gran sociedad de la ciudad. La señorita está en el templo de los presbyterianos.

—¿Con su hermano, sin duda?

—No, amo, con el hijo de M. Rose. M. Enrique está en la iglesia de los baptistas.