—Bonzo estúpido, esclamé arrebatado por un celo santo; ¿te atreves á hablar de verdad? ¿No sientes que tu doctrina es una mentira, y tu culto una idolatría? Si lo ves, eres un charlatan á quien es necesario castigar; si no lo ves,—el primer deber del Estado, es cerrarte la boca, para que con tu ignorancia no le eches á perder sus súbditos. La libertad del error, es la libertad del veneno, de la tea y del puñal; solo la verdad tiene el derecho de hablar.

—Yo creia, dijo el Chino, que en Francia y en Inglaterra habia muchas iglesias cristianas, y hasta sinagogas judias.

—Sin duda, que en Francia mismo el Estado paga todos los cultos reconocidos; porque la Francia, has de saberlo buen hombre, está á la cabeza de la civilizacion, ya se trate de libertad relijiosa como de todas las demas libertades.

—El estado, continuó el bonzo, ¿reconoce entonces tres ó cuatro verdades relijiosas que se combaten y destruyen mutuamente? Para los cristianos, por ejemplo, Jesus es un Dios: ¿qué es para los judios?

—Amigo mio, dije á aquel bárbaro, tengo lástima de tu ignorancia. Si tu pudieras comprender lo que es la verdad oficial, sabrias que ella vive de contradicciones. Es el sueño de Hegel realizado. La tésis y el antítesis se mezclan y se confunden en una sintesis admirable.

El bonzo abrió sus pequeños ojos y alzó la cabeza hácia el cielo. Era visible que las grandes concepciones de la Europa civilizada no podian entrar en aquel estrecho cérebro. Hubiera creido que habia menos distancia entre un filósofo aleman y un Chino. Reproduje mi demostracion bajo otra forma, es decir que cambié las palabras, sin inquietarme de las cosas: es el verdadero modo de adelantar una discusion.

—La verdad que proteje el Estado, dije al infiel, no tiene nada de comun con la verdad vulgar. Es una verdad grande, comprehensiva, que abraza todas las comuniones nacidas de la Biblia, nuestro libro sagrado. El judaismo, el cristianismo y hasta el islamismo son ramos de aquella relijion primitiva, tan antigua como el mundo y que tiene de su parte el número, la moral, la civilizacion. Fuera de esas Iglesias, que se dividen el universo, no hay sino idolatría y barbárie. Convertiros á cañonazos, es nuestro derecho y nuestro deber. La verdad jermina en los surcos sangrientos que abre la guerra; el Dios de los cristianos es el Dios de los ejércitos, Dominus Sabaoth!

—Tú no eres Yankee, esclamó el fanático, cuyo ojos brillaron de repente con un resplandor estraño. Te observo desde que estás aquí. En la figura del Sajon hay algo del toro y del lobo; en la tuya hay algo del mono y del perro. Tienes miedo de la libertad, hablas de lo que no sabes y haces frases. Tú eres Francés!

Y viéndome mudo de sorpresa:—¿Te atreves, dijo, á hacer del número la prueba de la verdad?—El número, le tenemos de nuestra parte. ¿Cuántos sois vosotros los católicos? Ciento treinta millones. ¿Cristianos? Trescientos millones á lo mas. Nosotros somos quinientos millones de budhistas; nuestra fé se estiende de Kamschatka hasta el mar Blanco, ella dulcifica las tribus salvajes, encanta á los Chinos y á los Japoneses, es decir, á pueblos civilizados ya, en un tiempo en que la Europa era un bosque y la América un desierto. ¿Hablas de antiguedad? Pero ¿sabes acaso que en tiempo de Alejandro el budhismo habia tenido ya sus concilios, y que las inscripciones del rey Azoka, grabadas en las rocas de la India predicaban al universo la limosna y el sacrificio? ¿No sabes que el judaismo es una reforma de la relijion alterada por los bracmanes, y que los Vedas, los libros santos de nuestros antepasados, remontan á los primeros dias del mundo?—Dejemos á un lado el número y la duracion: son quizá accidentes felices. ¿Cuál es la relijion que ha predicado primero la pobreza voluntaria, la abnegacion y la caridad? ¿Ignoras tú que Fó ha tenido quinientas cincuenta existencias, y que en cada una de esas encarnaciones se ha sacrificado? El se ha convertido en cordero para el tigre, en paloma para el halcon, en liebre para el cazador hambriento. ¿No has leido la historia de Vesavantara, dando por caridad sus hijos y su mujer? ¿No somos nosotros la única comunion que por horror al asesinato, se abstiene de la carne y de la sangre de los animales? ¿Yo, no tengo un filtro ahí para beber mi agua, á fin de economizar la vida de algun arador invisible? De vosotros los cristianos se dice, que vuestra historia relijiosa no es sino una série de querellas, de guerras y de carnicerias. Víctimas hoy dia, mañana sois verdugos. Entre nosotros, los budhistas, no hay sino mártires. En dos mil cuatrocientos años, nuestra sangre ha sido derramada mas de una vez, se nos ha espulsado de la India; pero nuestras manos se han conservado puras. No tenemos nada que borrar de nuestros anales; ¿qué relijion puede decir otro tanto?

—Vuestro Evanjelio anuncia una doctrina admirable; lo sé y no juzgo de la fé de los cristianos por su conducta. Las palabras y los sufrimientos de Cristo me han conmovido hasta lo íntimo del corazon. Pero me han criado en otras ideas: me he consagrado hace veinte años á una vida de pobreza que me sostiene y me consuela. Como vosotros, los cristianos, he conservado la fé de mis padres; como vosotros, no puedo acusar á mis abuelos ni de mentira ni de error. ¿Cuál de nosotros se engaña? ¿Cual de nosotros tiene la verdad de su parte? Lo ignoro, y no deseo sinó ilustrarme. Concluyamos con el reinado de la violencia, acabemos con la ignorancia y el desden; demos pleno curso á todas las creencias; dejemos á la razon hacer la obra que Dios le ha confiado.—A la luz del dia desaparecen todas las sombras. Abandonada á si misma, la relijion que venga de los hombres se deshará como la nieve: la que venga del Cielo se elevará como una encina y cubrirá la tierra con sus ramas. Abrid el mundo á la palabra: tengo fé en la libertad; porque tengo fé en la verdad.