II

ESPAÑA CATÓLICA
Esa nación grandiosa que, a porfía,
conquista mandos con ardor valiente,
también ensalza con fervor creyente,
las sublimes grandezas de María.
De fervorosa y mística alegría,
se ilumina su rostro de repente,
y se postra de hinojos, reverente,
cuando pasa la virgen por su vida.
Y es que en esa nación de maravilla,
la lumbre de la fé constante brilla,
y hasta en la sangre de sus venas late;
¡Por eso entre el fragor de la metralla,
a sus hombres veréis en la batalla,
que se persignan antes del combate!

III

ESPAÑA LITERARIA
Esa España ferviente y valerosa,
que confunde la Cruz con la Bandera,
también adora a la inmortal Quimera
que forma su ilusión maravillosa;
Y respira el perfume de la Rosa
de su Poesía, la creación entera;
la humanidad, estática venera
las obras de esa patria esplendorosa;

El Rosal de su ilusión florece,
el mundo, con su triunfo, se estremece
y el horizonte de su amor se ensancha;
y vivirá su gloria eternamente,
mientras haya ideas en la frente,
mientras viva QUIJOTE DE LA MANCHA.


[Zaragoza Cano (Flavio)]

Bisayo, de Ilo-Ilo, donde dirige «El Heraldo».

LA GOTA DE AGUA

Bajando por la impávida eminencia,
desde incógnitas fuentes,
rueda la gota de agua. En la confluencia
donde se unen arroyos y torrentes,
--con su ritmo triunfal de excelsas notas
o de ondas desatadas--
se entremezclan mil gotas con mil gotas
hasta formar ciclópeas cascadas...
Y a la manera
del salto audaz--desde la roca al llano--
con que muestra su esfuerzo la pantera,
salta el río también al oceano
con terco empuje;
mientras en cada gota de agua ruje
la génesis de ignotas tempestades,
la mar y el río, en colosal connubio,
fecundan en las vastas soledades
la nube anunciadora del diluvio.
La nube retadora
pronta a caer en lluvias torrenciales,
se alzará de la mar que se evapora,
subiendo a los espacios siderales;
y cuando el viento
azote con su tralla el firmamento,
la densa nube la región ignota
cubrirá de los vastos horizontes,
para bajar de nuevo, gota a gota,
sobre la cumbre de los altos montes.
Gota de agua es el vate:
con su verbo profético y sombrío
piérdese de la vida en el combate,
cual árbol seco que arrastrara el río;
su idea es torrente
que brota de la cumbre de su frente
y derramando la cascada roja
de sus magnas virtudes,
como el río, también salta y se arroja
al mar de las dormidas multitudes.
En raudo vuelo
cruza de los espíritus el cielo,
«donde Dios reina y do la fé no mata,»
formando con las nubes de su idea
y sus cerebraciones,
la tempestad social que se desata,
que fecunda y procrea
el árbol-Libertad de las naciones!
Y cuando baje
la idea desprendida del celaje,
volverá a fulgurar sobre otras frentes,
para trocarse en frescos manantiales
de futuros torrentes
que llenarán el mar con sus caudales:
correrá como inmensa catarata
propulsora de ineptas voluntades,
en cuyo albo remanso se retrata
el vago porvenir de las edades...

PROEMIAL