LA MESTIZA ESPAÑOLA
Cuando llegue la noche del olvido
nadie tendrá noción de lo pasado,
y al encontrarlo todo transformado
alguien creerá que nada se ha perdido.
De Urdaneta y Legazpi el apellido
será, acaso, de todos olvidado,
y de mi patria el nombre venerado
ni evocado será, ni enaltecido.
Acaso alguien recuerde, como en sueños,
un pasado de encantos más risueños,
que en su eterna canción digan las olas;
pero aun cuando en placer se trueque el llanto
¡No tendrán ya estas islas el encanto
de las dulces mestizas españolas!
¡La mestiza española...! La que auna
la sangre de dos razas, la admiraba
de Norte a Sur; la ninfa elaborada
por los rayos de plata de la luna;
la mujer amorosa cual ninguna,
del malayo pensil flor delicada,
no volverá a lucir, ni la templada
brisa de Oriente arrullará su cuna.
No más la languidez de su semblante,
ni su busto arrogante,
en sus espejos copiarán los ríos;
Ni la verán ciñendo su alba frente
de sampagas, al brillo refulgente
de sus ojos obscuros y sombríos.
Bella mujer, que en los felices días,
como la flor que aroma los vergeles,
endulzaras la vida con las mieles
de tus eternas y mansas alegrías;
Dieron solaz las dulces melodías
de tu garganta a los proscriptos fieles,
y gozó la fragancia de claveles
que de tu dulce cuerpo despedías.
Acaso tu recuerdo pronto muera;
pero tu tumba de mi patria amada
seguirá cobijando la bandera,
mientras luzca en lugar tranquilo y quieto,
a merced de los vientos desplegada,
la leyenda triunfal de mi soneto.
[Cáraves (Tomás)]
Montañés, de Cabuérniga, donde nació en 1864. Licenciado en Derecho y Filosofía y Letras. Residió en Manila muchos años, ejerciendo la abogacía. Fué catedrático de Derecho Penal en la Universidad de Santo Tomás. Ocupó altos cargos administrativos. Colaboró en los principales periódicos de Manila, singularmente en el «Diario». Regresó de allá hacia 1898. Vive ahora en Alcalá de Henares.
TOTA PULCHRA ES MARIA
"El Señor me poseyó desde el principio"
(PROV. VIII, 23).
Dadme canoras aves la armonía
que en cascada sonora
surge del fondo de la selva umbría,
cuando el naciente día
fresco rocío en las campiñas llora.
Dame, arroyuelo cristalino y manso,
el suave murmurar de tu corriente,
de espuma matizada en el remanso.
Préstame inquieto mar tu voz potente,
vosotras auras el susurro ledo
que vibra en los cristales de la fuente.
La fe su inspiración hija del cielo;
las cuerdas del laud su melodía,
la cristiana oración su grato anhelo
y sus cantos la hermosa poesía
que busca a Dios, cuando remonta el vuelo.
Fanales suspendidos en la altura,
alborada magnífica de Mayo
rival eterna de la noche obscura,
préstame de tu luz vívido rayo.
Envuelta en densa bruma
no sabe a donde va la mente inquieta;
dale tu luz al alma del poeta,
tus tintas a su pluma.
Cantar quiero a María Inmaculada,
aquel primer momento
en que al surgir de la impalpable nada,
tuvo lugar el sin igual portento.
Del pasado primero el vaho aleve,
no empañó un solo instante su pureza
semejante a la nieve
que del Alpe se posa en la cabeza.
¡Mirad! Allá en su frente,
la alborada riente
de sus tintas los haces amontona,
ciñéndola esplendente
y sin rival magnífica corona.
¡Ved!... a sus bellos ojos
asoma el rosicler de la mañana
y son sus labios rojos
envidia de la grana.
Las clavellinas que de ingente roca
nacen en la hendidura,
envidian los perfumes de su boca,
y el marfil de sus dientes la blancura.
De su albo cuello en el contorno vago
algo incorpóreo, inmaterial se extiende...
¡Es el cisne del lago!
¡Es la paloma que el espacio hiende!
Es María, la cándida doncella,
orgullo de Sión, la que escogida
fué del Señor para encarnar en ella,
La que de Sol vestida
con sus divinos pies los astros huella.
La matrona valiente
que de la astuta y pérfida serpiente
quebrantó la cabeza con su planta,
es la Madre de un Dios omnipotente
a quien absorto el Universo canta.
Es María, la egida y el amparo
del que en la tierra infortunado llora;
y es en el mar el encendido faro
enmedio de tormenta aterradora.
La que invoca el marino en sus azares,
cuando el azote de huracán violento,
las olas de los mares,
amenazan trepar al firmamento.
Entonces ¡ay! es ella
quien al revuelto mar dice:--¡Detente!
la que apaga el rumor del oleaje
y hace que el Sol magnífico, esplendente,
rompa del nubarrón el denso encaje.
Es ella, quien a raya
pone al viento y amansa sus rigores;
aliento del que mísero desmaya
y quien conduce a la distante playa
las barcas de los pobres pescadores.
Con labio balbuciente y vivo anhelo
«¡Dios te salve, María!»
en la cuna te dice el pequeñuelo:
salúdate el anciano
que harto ya de luchar con el destino,
apoyo busca en tu segura mano.
¿Mas que mucho, Señora,
que el hombre de quien eres bienhechora
su gratitud te ofrezca y, sus amores...?
también del Sol los mágicos fulgores
te rinden homenaje
y te saluda el mar con sus rumores,
con su aroma las flores,
las aves con su canto en el follaje.
La Creación entera a ti rendida
himnos en tu loor, creyente, lanza,
que eres, al par que aliento de su vida,
el puerto en lo inmortal de su esperanza.
¡Dios te salve, María!
lirio de Nazaret, blanca azucena,
bendito imán de la esperanza mía!
Escucha la plegaria del poeta
que a cantar se atrevió tu gran Misterio,
que antes cantara el arpa del profeta,
del ángel el salterio...
Mas disculpa, Señora, mi osadía
si me atreví a llegar a tu grandeza.
¡Qué madre no perdona una flaqueza...!
¡Perdona, Madre mía!
[Casuso (Manuel)]
Hijo de españoles, nació en la Habana el 6 de Marzo de 1874. Fué niño a Filipinas, cursando el bachillerato en el Instituto de San Juan de Letrán, de los PP. dominicos, Hizo allí sus primeras armas literarias. Colaboró luego en periódicos españoles del país. Regresó a España al emanciparse el Archipiélago. Es ahora, en Barcelona, Director de la Cárcel de mujeres.