¡CONDOR, DAME TUS ALAS...!

¡Del mundano vivír, cuanto me aterra
compartír la dorada falsedad!
¡Cómo me ahoga el lodo de la tierra!
¡Cómo mancha su negra suciedad!
Condor, dame tus alas: necesito
volar cómo tu vuelas, ¡oh cóndor!
Tengo sed de beberme el infinito
en un vuelo sin fin, libertador.
¡Mas ay! ¿a qué volar? El alma impura
cautiva del dolor tiene que ser.
Condor, ¿a que volar hacia la altura,
si al lodo de la tierra he de volver...?

¡QUE TERRIBLE DOLOR!

¡Qué terrible dolor es este mío:
hoy como ayer, mañana como hoy!
Como revuelto y caudaloso río
de mi destino al fin marchando voy.
Calma te pido, padecer constante;
calma te pido, inhóspito sufrir:
como el héroe al marchar hacia adelante
quiero cara al peligro sucumbír.
A la muerte no temo: ¿qué es la muerte
sino el almo principio de otra vida...?
Queda frío en la tierra el cuerpo inerte
y vuela el alma que en el cuerpo anida.
Vuela el alma a los cielos y en la altura
es encendida chispa, es un fulgor,
y cuando brilla, desprendida y pura,
va a postrarse a las plantas del Señor.
Y desde entonces queda convertida
en un astro que miran los humanos;
una dorada estrella suspendida
del cristalino espacio en los arcanos.

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Estrellas rutilantes que contemplo
de azul y luminoso palpitar;
¡luminaria magnífica de un Templo
sin rito, sin imágenes ni altar!

¡Luceros de radiar inextinguible!
¡soles que apenas los humanos ven;
almas, felices almas! ¿es posible
que llegue a ser estrella yo también...?

1921.

LAGRIMAS

¿Sabéis lo que es el río al parecer inerme,
cuyas dormidas aguas espejan lozanías?
Es el titán pacífico en cuyo seno duerme
un nunca sospechado tesoro de energías.
¿Sabéis dónde ha nacido la plácida corriente?
Brotaron de las rocas sus gotas de cristal
y cáliz son las rocas en el que lentamente
cayendo van las lágrimas de un llanto universal.
La escarcha se desprende cual lágrimas de frío;
lloran de la neblina los impalpables lutos;
son lágrimas del alba las gotas de rocío
y los arbustos lloran las mieles de sus frutos.
El mar llora sus perlas; las nubes sus fluídos;
llora la tierra gemas de ardiente claridad,
y llora el firmamento luceros desprendidos,
y llora entre sus risas también la humanidad.
¡Benditas sean las lágrimas! Cayendo persistentes
en río se convierten tras lenta filtración,
y en ese río santo, ocúltanse latentes
tesoros no apreciados de luz y redención.

1922.