[Escalera (Francisco de la)]

Madrileño. Vivió expatriado gran parte de su vida en América y Filipinas. Aquí fué redactor de «El Comercio» y «El Diario de Manila», donde publicaba versos a diario bajo el pseudónimo Peldaño. En Manila editó (1897) su libro Poemas relámpagos. En Madrid estampó (1898) otro con el título de Baraja de sonetos, porque contenía cuarenta. Colaboró también en la Prensa de la corte, singularmente en la ilustrada. Falleció en Buenos Aires en 1914.

AÑO NUEVO

En la hora sombría de la noche
nace al mundo del vientre del Misterio.
Entre la Edad y el Siglo lo engendraron
en un instante criminal de incesto:
lo crean a traición; como un delito;
como crea el reptil bajo del cieno.
Y sin embargo es grande. Por alcoba
tiene la inmensidad del firmamento
y ve al nacer, como primer paisaje,
de estrellas de oro empavesado el cielo.
Las horas, con las gamas de los bronces
a gloria tocan. Le saluda Enero
con ósculo glacial. La Virgen Alba
le da un beso de luz. Y entona el viento
una marcha real en su homenaje;
un preludio de honor, un himno imenso.
En el Jordán de oro de la aurora
le bautiza el rocío, y es su templo,
el Cáos con su grandeza apocalíptica;
mansión del super-Dios; altar etéreo.
--¡Ya nace un año más!--dice Diana
brindando con el Sol, copón ardiendo,
que eleva con su mano triunfadora
desde el Atrio de Oriente; estalla un beso
que lo lanza el Amor... y la Alborada
se envuelve entre sus túnicas de incendio,
mientras el día nimba de colores
el panoramma azul. Sonríe Invierno.
La humanidad imbécil con sus vítores
saluda desde el mundo al año nuevo
y la naturaleza inagotable
le amamanta con savia de su seno.
La Esperanza le mira con angustia;
la Fuerza echa a reir; tiembla el Progreso;
la Paz suspira; la Igualdad en tanto
lanza una maldición; se oye el lamento
que exhala la Honradez en las bohardillas;
pugna el Trabajo por romper los hierros
de su cadena vil; se ve en el lodo
como un gusano revolcarse al Pueblo
que tiene, harto de yugo y de miseria,
fiebre de dinamita en el cerebro...
y en su carrera de onzas, coronado
con diadema imperial, llevando un cetro
macizo de brillantes y rubíes,
como un César o un Dios, pasa el Dinero.

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El Filósofo piensa:--«¿Es algo? ¡Nada!
¿Qué es lo que significas, Año Nuevo,
entre la Eternidad? ¡No eres ni el átomo
que el aire mece! En el Reloj eterno
vales mil veces menos que un segundo
del horario del hombre. En lo pequeño
no hay algo a lo que puedas compararte;
un «algo» es colosal; ¡aun eres menos!
La Juventud cavila: «¡Eres el triunfo
de mi placer; apoteosis regio
de la procreación, en tu holocausto
flotarán nuevos seres de mi cuerpo...
e iré unciendo tus días y tus horas
con cadenas de flores y de besos!»
Dice la Senectud: «¡Yo te saludo
doblando hacia la tierra mi esqueleto;
eres el peristilo de mi cripta,
eres mi enterrador, eres mi féretro!
Noto que ya fermentan los gusanos
bajo mi vestidura de pellejo;
yo sé que has de tejerme con tus noches
una mortaja negra: sólo ruego
que me arranques del cráneo las ideas;
¡queman como rescoldo!» Y dice el Tiempo:
«¡Un año más de la Barbarie hummana!
sigue la Edad de piedra; un cafre nuevo.
Así guerrean los hombres. Los Caínes
visten de magistrados y guerreros;
santifican el Maüser y la Horca,
hacen del Oceano un Coliseo,
del campo del honor un spoliarium;
matan y juran entre rezo y rezo
y convierten la tierra creadora
en palacios de buhos y de cuervos,
los únicos amigos de las tumbas,
los únicos amantes de los muertos;
esas dos majestades de la noche
que van en recepción al cementerio...
Todo es convencional y todo rige:
Conciencia, Patria, Aristocracia, Infierno,
Justicia, Fuerza, Jerarquías, Leyes,
Honor, Banderas, Religiones, Cetros,
sólo la Inteligencia y el Cariño
son los supervivientes de los tiempos;
can ellos dos se escalarán las nubes;
con ellos dos se invadirán los cielos.
El Corazón y el Cráneo; dos grandezas
que tutean a Dios; son dos fragmentos
de su divino sér; el mundo en masa
es pobre y vil para guardarlas dentro;
para ellas dos, se necesita espacio:
lo llenan todo; ¡inmensidad en pleno!»
...La luz del Primer día
se encuentra en el Cenit; el Año Nuevo
fecunda ya la tierra; baña el Orbe
una ola vital; incuba Enero,
las venas y las plantas. Continúa
la floración eterna. Canta el viento.
Se oye la carcajada de la Orgía,
se sonríe el Amor. Palpita un beso,
y entre flores, se yergue la mañana
brindando con el sol, ¡copón ardiendo...!

ANTE LA DERROTA DE MONTOJO, EN CAVITE

En la bahía entró.--¡Le «embotellaron!»--
todos a voz en grito prorrumpieron
Los enemigos yankees le siguieron
y con potente escuadra le cercaron.
De nuestras pobres naves se mofaron;
su aciago fin unánimes previeron...
Y pronto todos por seguro dieron
el desastre español que presagiaron.

¿Cómo luchar con tan maldita estrella
y hacer que la bandera se salvara?
Sólo hubo un medio: el de morir con ella.
Y antes que el enemigo lo pensara...
...¡rompió el pobre almirante «la botella...»
¡y se tiró los vidrios a la cara!!

Madrid, Mayo, 1898.