[García Collado (José María)]
Extremeño--como Espronceda, con quien tuvo cierta afinidad espiritual --aunque recriado en Madrid. Un trasatlántico le volcó, en plena juventud, sobre Manila. Comenzó a versificar. Desde 1887 colaboró asiduamente en el diario «La Oceanía Española». Publicó un volumen, Leyendas filipinas. Le inspiró la musa ebria de Poe y Verlaine. Fué desdichadísimo, tormentosa su vida. Le acorralaron las acerbidades. Conoció la cárcel. «Descansó»,--que paz le fué la muerte--alrededor de los treinta años, Abril de 1890. Siete años después de muerto, sus admiradores, y los de Manuel Romero de Aquino, publicaron una selección de composiciones poéticas de ambos bajo el título «Homenaje a dos poetas».--Manila, 1897, con prólogo de Manuel María Rincón, ilustre periodista español de las islas.
A MANILA
Pobre bardo, hoy a tus pies
vengo a ofrecer mis cantares.
Rica perla de dos mares,
si humilde la ofrenda es,
tú ya ves
que, inspirada en tu belleza
y reflejando tu historia,
tiene por timbre de gloria
la sombra de tu grandeza.
Años ha que mi navío,
después de tender la lona
y recorrer la ancha zona
de la mar a su albedrío,
cedió pío
de mi afán al hondo anhelo.
A tus playas se acercó
y benigno me dejó,
Manila, sobre tu suelo.
Aunque de España alejado,
nunca de la patria lejos,
mirando en ti sus reflejos
quedó mi afán consolado.
¡Sea loado
Dios, que consiguió juntar,
pedazos tan divididos,
que siempre han de estar unidos
aunque los separe el mar.
¡Allá la remota ola
besa los lindes de España!
¡Aquí la mar besa y baña
tierra también española!
Arrebola
sol de gloria el tierno abrazo
y el alma se alegra al ver
que jamás se ha de romper
ese sacrosanto lazo.
La imaginación inquieta,
al contemplar tal unión,
enciende la inspiración
en la mente del poeta.
Noble, reta
al bardo, que acude al duelo
y al herir la egregia lira
copia, a la luz que le inspira,
cantares que oyó en el cielo.
¡Cómo a la noche callada
le place el verte ¡oh Manila!
hermosa, alegre y tranquila
cabe la mar reclinada...!
Ver la agrada,
cuando sube la marea
la ola que al llegar se ve,
como por besar tu pie
se deshace y forcejea.
No le pareces sultana
de belleza caprichosa:
le pareces, más hermosa,
antigua virgen cristiana...
Soberana,
al ver doblar tu cabeza
sobre tu brazo a la noche,
flor eres que cierra el broche
para ocultar su belleza.
¡Como encierras y avasallas
de tu pasado el blasón!
¡Bien lo dice el cinturón
que te ciñen tus murallas!
Derribarlas
quieren, con feroz piqueta...
¡Arrancarte el blasón regio!
¡De tan torpe sacrilegio
protesto como poeta!
Al mirar la majestad
de tu encastillado busto,
se presiente algo de augusto
que ha quedado de otra edad.
La impiedad
no quitará en sus conjuros
y esfuerzos extraordinarios,
la cruz de tus campanarios,
ni la piedra de tus muros.
¡Salve, cristiana amazona
que tras de tantos afanes
dió el ilustre Magallanes
de mi España a la corona!
Si blasona
tu pecho de real nobleza,
rica perla de dos mares,
no desdeñes los cantares
con que ensalzo tu grandeza.
Movido de anhelo santo,
voy rebuscando en tu historia
los anales de tu gloria,
copiándolos en mi canto.
De su encanto,
que ninguna sombra empaña
tendrá valor y nobleza,
porque al cantar tu grandeza
también canto la de España.
Pobre bardo, hoy a tus pies
vengo a ofrecer mis cantares.
Rica perla de dos mares,
si humilde mi ofrenda es,
tú ya ves
que con profunda emoción,
de tu cariño al encanto,
también, al par de mi canto,
te ofrezco mi corazón.
¡FACILISIMO...!
Es hacer un soneto facil cosa
que, en sabiendo rimar, hace cualquiera;
por más que más de uno considera
que es sobrenatural y milagrosa.
De su facilidad dificultosa
es el fondo la gracia verdadera,
Siempre el fondo; la forma es la manera
de dar al fondo una cubierta hermosa.
El que sin fondo y forma hace un soneto,
con que es cosa difícil no se escude,
su ignorancia ocultar queriendo agreste.
No lo frague si busca ser discreto,
porque hará, si lo fragua, no lo dude,
¡un soneto tan malo como éste...!
AMBICION CESARISTA
Cruza del Rubicón al otro lado
turba adiestrada de agoreras aves,
y Céras, ambicioso, dice al verlas:
--«¡Roma es la gloria!»--Y tras la gloria parte.
¡Qué importa que a su paso rasgue el pecho
de la que fué su generosa madre!
Decís que es un mal hijo... ¿a qué ser bueno,
cuando es tan fácil el hacerse grande?
Murió la libertad. Al solio augusto
el tirano ascendió... ¡Vedle, arrogante,
convertir de la patria el cuerpo hermoso
en insepulto y colosal cadáver!
Roma era noble, y como noble, altiva...
Roma fué esclava, y como esclava, infame...
¡Y el mundo entero doblegó la frente
ante el mal hijo que humilló a su madre!
Por eso cuando leo las Historias,
reyes, emperadores y magnates,
se me figuran turba de bandidos
cruel y sanguinaria y miserable!
Hijos felices de la odiosa espada,
la tierra, a su capricho, se reparten...
¡Dióles vida la tierra! ¡Ellos, feroces,
se alimentan del cuerpo de la madre!