A HISPANIA
Te hablo en tu lengua; mis versos
te dirán que hay un amor
que en la hecatombe pretérita
su raigambre conservó
en lo más hondo y arcano
de mi pecho. Es como flor
que han respetado celliscas
y avalanchas de pasión,
flor abierta suavemente
en cumbres llenas de sol,
a donde sube el espíritu
de sus quimeras en pos,
para rezarte:--«¡Oh, Hispania!
¡oh dulce idioma español,
el del Arcipreste de Hita,
el de Lope y Calderón,
de Juan de Mena y Cervantes,
de Pereda y de Galdós!
¡Oh dulce lengua, que irradias
tu latina irisación
y encierras la amplia eufonía
de toda una selva en flor,
pues eres susurro de agua,
gorjeo de ave, canción
de brisa leve en las hojas
en mañanitas de sol...!»
En esta lengua ¡oh Hispania!
balbuciente formuló
mi alma en los días niños
sus caprichos, su candor;
y en las horas juveniles,
cuando hicieron irrupción
en mi vida las primeras
exaltaciones de amor,
también fué tu idioma egregio
el que sirvió a mi ilusión
y la dió plumas divinas
de mágico tornasol,
para llegar hasta el fondo
de un lejano corazón
y decirle:--«Ven conmigo
y dame un beso de amor».
Murió este amor. En mi pecho,
muerta la hoguera, restó
un puñado de cenizas
de la pasada ilusión;
y al verme tan olvidado
de la mujer que me amó,
para luego envenenarme
con una negra traición,
cuando quise maldecirla
con mi pluma y con mi voz,
llorando de pena y rabia,
la maldije ¡en español...!
Y en tu idioma, que es un iris
por su fulgencia y color,
voy dando a todos los vientos
trozos de mi corazón,
mis líricos fantaseos,
mis optimismos, mi horror
por lo prosaico y mis gritos
de protesta y rebelión
contra todas las limazas,
contra el buho y el halcón,
contra la sierpe asquerosa
que quiere alzarse hasta el sol,
contra «chaturas estéticas»
que nos roban la emoción,
contra Verres coloniales
y su dolar corruptor[25],
y contra todos los hombres
que hacen tan fiera irrisión
del derecho de mi pueblo
a ser su único señor...
¡Oh noble Hispania! Este día
es para ti mi canción,
canción que viene de lejos
como eco de antiguo amor,
temblorosa, palpitante
y olorosa a tradición,
para abrir sus alas cándidas
bajo el oro de aquel sol
que nos metiste en el alma
con el fuego de tu voz,
y a cuya lumbre, montando
clavileños de ilusión,
mi raza adoró la gloria
del bello idioma español,
que parlan aun los Quijotes
de esta malaya región,
donde quieren nuevos Sanchos
que parlemos en sajón.
Pero yo te hablo en tu lengua,
¡oh Hispania! porque es su són
como música de fuente,
como arrullo encantador,
y como beso de vírgenes
en primaveras de amor.
1913.
[Nota 25]: Alusión explícita al nuevo dominador, o sea la república de los Estados Unidos.
NO CIERRES TU PUERTA
Un labio lejano me ha dicho
que tienes cerrada tu puerta...
Si es cierto, reforma el capricho:
¡tu puerta ha de estar siempre abierta!
Abierta a las aves del cielo,
abierta al rumor de las brisas,
al goce, al dolor, al consuelo
y al triste que pida sonrisas.
Abierta a los claros de luna,
al suave perfume de mayo,
al lloro del niño en la cuna
y al viejo que tiembla en desmayo.
No cierres tu puerta. ¿No sabes
que cruzan el largo camino
mil sombras, mil vidas, mil aves
que ignoran su obscuro destino?
Tu mano, que abrió las entrañas
del suelo y halló un gran tesoro,
arroje las llaves extrañas
que cierran tus puertas al lloro.
Preparen tus manos la mesa,
el plato de arroz y hasta el vino.
¡La sombra en la luz hace presa
y es largo y tortuoso el camino!
Que sea, en la vida, tu techo
la fuente que lave los males,
que cierre las llagas del pecho
que borre las penas mortales.
Si quieres que nazcan al paso
de tu alma las rosas celestes,
acoge el dolor del ocaso
y zurce las míseras vestes.
Bien sabes que es noble y es santo
alzar al que cae en la vía.
No dudes ni niegues. El llanto
secado es raudal de alegría.
Si pones tu mano en la mano
del pobre, Dios besa la tuya.
No cierres tu puerta, ¡oh mi hermano!
no sea que de ella Dios huya.
Ten siempre dispuesta tu casa
y esté a todo huésped abierta,
que acaso la sombra que pasa
es sombra de tu madre muerta.
No cierres tu puerta. ¿No sabes
que cruzan el largo camino
mil sombras, mil vidas, mil aves
que apenas si saben cuál es su destino?
EL JARDIN REDIVIVO
PARA EL «JARDÍN DE EPICURO»[26]
[Nota 26]: Así era nombrado un cenáculo literario de Manila. Y para festejar la cena con que fué inaugurada su segunda etapa, escribió los versos el poeta.