Nuestros días sin sol, de retiro y mudez,
en que el alma sufrió de congoja o esplín,
han pasado a ser ya cosa muerta, y, al fin,
nuevos besos de luz nos encienden la tez
y florece otra vez el antiguo jardín.
¡Oh delicia! ¡oh amor del humilde pensil
donde el alma sintió la pasión de soñar
y, en el giro fugaz de las auras, gustar
el olor celestial de las rosas de Abril
y el dulzor juvenil de un anhelo de amar!
Está abierto el jardín. Venid todos a él
los que ansiéis suspirar besuqueando una flor,
los que, en vez de llorar, tengáis hambre de amor
al sonrís, al fulgor, al olor, a la miel
de una bella emoción. ¡El jardín está en flor!
Entrad todos, entrad. El antiguo jardín
sólo os pide otra vez, por su nueva eclosión,
que tengáis para él una eterna canción,
una voz de querer, un espíritu afín
y una sed de habitar con la Reina Ilusión.
El vivir es el hoy; nadie sabe el después:
¿a qué tristes vivir, a qué solos vagar
sin un lazo de unión que nos pueda estrechar
y, aunque herida la sien y maltrechos los piés,
nos dé amor de vivir, de soñar y cantar?
Está abierto el jardín... ¡Cómo invita su olor
a subir al azul y olvidar el fangal,
lo que tiene de vil nuestra arcilla mortal,
lo que pone en la miel de la vida un sabor
parecido al cruel de las «flores del mal».
Corazón, emoción, ala leve y sutil,
tenlos siempre, oh varón, y tú siempre, oh mujer,
y ambos siempre tendréis, con las rosas de Abril,
entre risas de sol, un rincón de pensil
en que a solas oir el volar de un querer.
Este mar del vivir es muy fiero; este mar
tiene a veces un són de alarido de horror,
y quien oiga esa voz y no sepa ensoñar,
ante la ola sabrá cuán amargo es llorar
por el alma sin luz y la vida sin flor.
Luz y flor las veréis en el nuevo jardín
cuya fronda es de paz, cuyo ambiente es cordial;
unas veces dirá su quimera un violín
y otras veces de amor, Chaminade y Chopín,
en el clave dirán la sonata inmortal.
Vibrará su cristal una voz de mujer
como un ¡ay! de pasión o un suspiro de Abril,
y el poeta alzará, fresca, gaya y gentil,
su canción al amor, a la vida, al placer,
y entre todos harán un edén del pensil.
¡Oh delicia! ¡oh amor del tranquilo jardín
donde el alma sintió la pasión de soñar
y, en el vuelo fugaz de la brisa, escuchar
la quejumbre sutil de un celeste violín
o el latido inicial de un anhelo de amar!
Entrad todos, entrad. El antiguo jardín
sólo os pide esta vez, por su nueva eclosión,
que tengáis para él una bella canción,
una voz de querer, un espíritu afín
y una sed de morir por la Reina Ilusión.
Julio, 1913.
LAS DOS HOCES
I
Parece la fragua el ojo cerrado
de un muerto titán,
y el yunque parece un pico en silencio
de un ave anormal.
En un negro rincón duerme el mazo
que otros días batiera el metal...
¡Cómo duele esta paz de la fragua!
¡Cómo duele esta paz!
«¡Hola, herrero! ¿qué tienes? ¿qué inercias
han ganado tus músculos hoy?
Tus brazos semejan dos ramas tronchadas,
dos angustias largas de una abdicación.
¡Levántate, herrero!
Haz que de la fragua resucite un sol.
Enarbola el mazo y así, junto al yunque,
entre rojos hálos serás como un dios.»
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Ha soplado el fuelle sobre los carbones,
ya la roja llama crepitando está;
sobre el recio tórax del despierto herrero,
hay como una bella púrpura imperial.
El mazo es tu cetro;
¡oh herrero! comienza de nuevo a reinar,
y en tus brazos aprendan los flojos
a batir y forjar.
II
«--Toma este oro--le digo al becerro--
y forja una hoz».
«--Yo no soy orfebre--me dice--
que herrero yo soy».
«--Forjarás la segur; los orfebres
no pondrían en mi oro un vigor.
Ellos saben de ajorcas y anillos;
de segures, no.
Yo no quiero mi oro para hacer joyeles
que tengan el brillo de una tentación;
yo no quiero mi oro para que me muerda
la interior serpiente que mordió a Shylock.
Resuélvete, herrero;
mientras en la altura nos sonríe el sol,
coge el oro mío con tus manos rudas
y forja una hoz.»
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¡Cómo irradia la luz hecha de oro
y tiembla el metal,
con su luz de ideal novilunio
rielando en el mar!
En mis manos pone no sé qué virtudes
y en mi pecho enciende nueva claridad,
y en su empuñadura siento que palpita
el misterio fuerte de una inmensidad,