Héla ahí: fino el cristal,
tembloroso, musical.
Héla ahí: fino el cristal.
Aún exhala un viejo olor
el cristal: guardó una flor
que aún exhala un suave olor...
Dió la flor una griseta
y dejó su alma el poeta
en la flor de la griseta.
Una noche dolorosa
robó la envidia la rosa
en la noche dolorosa...
Y dió fama a su bohemia
el pobre. ¡Sangre y blasfemia
dieron gloria a su bohemia!
Volvió al «bar», pidió más vino,
y, negro ya su camino,
en el «bar» bebió más vino.
Dijo sus últimos versos,
y, entre sus sueños dispersos,
lloró sus últimos versos.
Postrer copa... Dió un suspiro
y se suicidó de un tiro
en la sien... ¡Postrer suspiro!
Cayó al suelo la pistola
y al cristal dió una aureola
el humo de la pistola.
El rodó bajo la mesa
con se desgracia inconfesa,
bajo el mármol de la mesa...
Y desde entonces no existe
quien beba en la copa triste
de bohemio que no existe.
Héla ahí: fino el cristal,
sin la flor sentimental
Héla ahí: ¡rojo el cristal!...
ETERNA HERIDA
¡Oh pobre corazón!
¡oh entraña mía, sitibunda y loca,
que tiemblas a la más breve ilusión
puesta en la miel de una divina boca!
¡Oh víscera escondida
que sin cesar renuevas en tu fondo
tu amor ardiente y hondo,
sin ver que quedas para siempre herida...!
¡Oh triste corazón! ¿por qué vas ciego
tropezando en las sombras del camino,
cuando tu propio sino
te grita:--«¡Aún no! Tu ruego
no llegó a su destino
y tu tiempo de amar no es hoy, es luego»?
Pero tú, entraña mía,
vas amando a deshora, y sueñas... sueñas
que esas bocas risueñas
tienen piedad de tu melancolía.
Y creen tus quimeras,
y ves en lontanazas ilusorias
no sé que nuevas glorias,
no sé qué flor de nuevas primaveras.
Y tu sed de gozar te lleva lejos,
centuplica las plumas de tus alas
y hasta te olvidas de las cosas malas
cual si te alucinasen mil espejos.
¡Oh pobre corazón! ¡Icaro triste
y triste Prometeo!
si subes a la altura el sol te embiste
y, amarrado a la roca del deseo,
ni dicha ni quietud para ti existe.
Y esto lo sabes bien, ¡oh entraña mía!
y sabes del sendero que es muy largo
¡oh entraña! y, sin embargo,
vas cruzando el sendero en tu porfía.
Ya estás llena de sangre, ya tus fibras
se han desgarrado en su latir convulso
¡y sin embargo aun vibras!
¡y sin embargo aun tienes nuevo impulso!
¡Oh vaso de dolor! ¡oh pecho mío
que sabes convertir tu muerte en vida!
si has de seguir amando sin hastío
¿quién habrá de curar tu eterna herida?
[Gurrea (Adelina)]
Nació en la Carlota (Negros occidental), hija de los españoles don Carlos y doña Ramona Monasterio, ella hermana del notable autor don Ricardo. Recibió esmerada educación, primero en colegio español de monjas y luego, durante once años, en otro inglés. Cursó el bachillerato, sobresaliendo en el estudio de la Preceptiva y la Literatura británicas. A pesar de ello ha escrito sus versos en castellano, nunca en la lengua de Shakespeare. Salió al mundo de las letras por la «puerta grande», al obtener el primer premio en un concurso de cuentos para plumas femeninas (1915). Cuatro años después mereció igual galardón en certamen organizado por la «Casa de España», de Manila, Dirigió la Sección femenina de «La Vanguardia», de la misma ciudad. Hace poco más de un año mora en la Península.
EL NIDO
(PRIMER PREMIO EN EL CONCURSO LITERARIO ORGANIZADO POR LA «CASA DE ESPASA», MANILA, 1919)