III

¿Qué se hicieron los ínclitos varones
que legaron sus nombres a la historia?
¿Dónde encontrar los regios panteones
que guardan sus cenizas y memoria?
¿Dónde está, con harapos y girones,
cual leve resto de su antigua gloria,
la clámide a sus hombros suspendida,
más en sangre que en púrpura teñida?

IV

Todo despareció; tan sólo un trono,
de cien edades sobre el polvo inerte
resiste inmoble al infernal encono,
y a los rudos embates de la suerte.
Crece su gloria al par que su abandono,
más es que el mundo y que sus furias fuerte,
a sus pies veinte siglos han pasado,
y sigue el rey, y sigue su reinado.

V

¿Sabéis dónde se vió por vez primera?
Del sacrosanto Gólgota en la cumbre
¿Queréis saber las leyes con que impera?
son de amor, de humildad, de mansedumbre
Por él doce hombres alzan la bandera,
retando a la enemiga muchedumbre.
¿Sabéis que quieren en su ardor profundo?
cambiar la faz del universo mundo.

VI

Ellos son. Allá van, sin más arreos
que el calzado y bordón del peregrino;
ellos son, allá van, arde en deseos
su pecho, hoguera del amor divino;
ellos, los pescadores galileos,
allá van, cada cual por su camino;
hombres son de entre el pueblo despreciado
y apóstoles de un Dios crucificado.

VII

Ante su vista, en el espacio inmenso
que descubre su ardiente fantasía,
ven, entre nubes de aromado incienso,
los dioses que abortó la idolatría;
de esclavos viles el rebaño denso
sujetos a nefanda tiranía,
y entre bosques de picas apiñados,
los monarcas del mundo y potentados.