III
Soy planta, apenas crecida,
arrancada del Oriente,
donde es perfume el ambiente,
donde es un sueño la vida:
¡Patria que jamás se olvida!
Enseñáronme a cantar
las aves, con su trinar,
con su rumor, las cascadas;
y en sus playas dilatadas,
los murmullos de la mar.
IV
Mientras en la infancia mía
pude a tu sol sonreír,
dentro de mi pecho hervir
volcán de fuego sentía;
vate fuí, porque quería
con mis versos, con mi aliento,
decir al rápido viento:
«¡Vuela; su fama pregona!
¡Cántala de zona en zona;
de la tierra al firmamento!»
V
¡La dejé...! Mis patrios lares,
¡Arbol deshojado y seco!
ya no repiten el eco
de mis pasados cantares.
Yo crucé los vastos mares
ansiando cambiar de suerte,
y mi locura no advierte
que, en vez del bien que buscaba,
el mar conmigo surcaba
el espectro de la muerte.
VI
Toda mi hermosa ilusión,
amor, entusiasmo, anhelo,
allá quedan bajo el cielo
de tan florida región.
No pidáis al corazón
cantos de amor, que está yerto;
porque en medio del desierto
donde discurro sin calma,
siento que agoniza el alma
y mi númen está muerto.