—Felisa.

—¿Felisa?... ¡No recuerdo!

—Sí... una moza alta, no mal parecida... á quien llamaban la Loba...

—¿Pero usted la conocía, marqués?—interrogó el general.

Y todos los circunstantes, sorprendidos, miraron al marqués, cuya vida de orgías no era un misterio para nadie.

—No—repuso el interpelado;—yo no la conocí; supondrán ustedes que mi posición me prohibe tratar á cierta clase de mujeres... Pero he oído hablar mucho de ella á mi primo Claudio, que fué un gran libertino.

—Dicen que era muy guapa.

—¡Mucho!

—¿Morena?

—Creo que sí; tenía los ojos expresivos, la boca un poquito grande, pero de labios frescos y rojos.