—¡Acierta usted!... Ahora recuerdo haberla visto varias veces.

—Si es la que sospecho, también la conocía yo, así... de vista.

Siguieron hablando, procurando recomponer entre todos la terrible escena. Uno de ellos preguntó:

—¿Y quién es el criminal?

—Dicen que un organillero.

—A mí me han asegurado que el matador fué un estudiante.

—¿Le prendieron?

—No.

El vizconde de N., que pasaba por la calle de Peligros á tiempo que el asesino huía, añadió á la información interesantes detalles. El matador era un muchacho de regular estatura, decentemente vestido; representaba tener veinticuatro años.

—¡Pobre inocente!...—exclamaron varios;—¿á quién se le ocurre perderse por una mujer así?...