C.—Sí.
E.—(Riendo.) ¡Es usted un hombre original!
C.—No se burle usted de mi cortedad; es que así, de sopetón... no podría... no sabría decírselo...
E.—¿Y mañana?
C.—Mañana... le enviaré á usted su retrato.
E.—¡Ah!... (Sorprendida.) ¿Tiene usted su retrato?
C.—No.
E.—Entonces...
C.—Es decir... (Tartamudeando.) Es... ¿cómo explicarme?... es un retrato que... sólo usted puede ver.
E.—No comprendo.