—¿Ya?—dijo.

—Sí, son las siete.

El se encogió de hombros.

—Bien—murmuró;—como quieras...

Tornaron á subir en el coche, que les esperaba á la puerta del café, y Matilde dió al cochero las señas de su casa.

—¿Cuándo volveremos á vernos?—preguntó Claudio.

El rostro de la actriz expresó una sorpresa perfectamente estudiada.

—¡Cómo!—dijo;—¿vernos, como hoy, á solas?

—Sí.

—¡Ah, eso... nunca!...