F.—¿Me amas?
E.—Más que á nadie.
F.—¿Eres muy feliz entre mis brazos?... (Empujándola.) Entonces... ¿Qué importa lo demás?...
E.—(Resistiendo.) Pero... ¿no comprendes?... Estamos en un lodazal.
F.—A tu marido le dices que te caiste; un accidente... un coche que pasaba... cualquiera cosa.
E.—Eso es lo de menos; un pretexto se busca fácilmente.
F.—Entonces...
E.—Es mi traje, mi sombrero, que representan un capital.
F.—(Alzándose de hombros.) ¿Qué vale todo eso, comparado con lo otro?... Un vestido que se mancha ó que se rompe, puede ser substituído; ¿pero quién recobrará el rato de felicidad que se pierde?
E.—No me vuelvas loca.