—Tome usted.
El farmacéutico cogió la receta y la leyó poco á poco, informándose bien del nombre de las medicinas.
—¿Tardará usted en despacharme?—preguntó Beltrán suplicante;—el caso es gravísimo.
Le aterraba la idea de que le prendiesen antes de ver á su padre.
No—repuso el boticario,—estas medicinas están hechas.
Marchóse y volvió trayendo dos frasquitos.
—¿Qué valen?—preguntó Beltrán.
—Cuatro pesetas con cincuenta céntimos.
—Cóbrese.
Y arrojó el duro sobre el mármol del mostrador.