—No es probable; esta noche no debo moverme de casa; necesito escribir varias cartas urgentes.
Martínez interpeló á don Elías y á don Isidro.
—¿Ustedes tienen luego algo que hacer?
—Nada—respondieron.
—¿Y usted, don Niceto?
El juez negó lenta y tristemente con la cabeza. Tampoco Olmedilla tenía nada que hacer.
—Entonces—repuso el veterinario—podemos reunirnos aquí esta noche. Echaremos una partida de tresillo. Tengo ganas de darle un buen julepe al doctor.
Agregó dirigiéndose á los otros dos individuos que, durante el transcurso de la tarde, apenas habían hablado.
—¿Ustedes vendrán?
—Bueno—contestó el más alto.