Vicente repitió, apagando la voz, como si dialogase consigo mismo:
—¡Ya son bastantes!...
Transcurridos unos segundos, agregó:
—Nuestro Deogracias estará hecho un hombrecito.
La mujerona suspiró:
—Tú lo has dicho: un hombre.
Asomóse á la puerta de la trastienda y con voz mordicante, destemplada por la emoción, llamó:
—¡Deogracias!... ¡Deogracias!...
Acudió el muchacho. Era ágil, simpático y tenía el perfil aguileño y la color broncinea de su padre.
—Ese señor—dijo Rita—, quiere darte un beso. Ve...