—¡Chico!... ¡Tú andas mal de la cabeza! Eso que cuentas lo has soñado. ¡Si hace quince ó veinte minutos que yo estoy ahí, en la puerta, y no he visto á nadie!...

—¿A don Gil Tomás, tampoco?

—Tampoco; no, señor...

Fermín se alzó de hombros:

—¡Déjame de historias! El dormido ó el borracho serás tú. ¿O es que yo no conozco á las personas ni entiendo lo que veo?... Don Gil Tomás ha estado aquí, hablando conmigo...

Incrédulo y alegre, Pedro prorrumpió en carcajadas:

—¡Tú has bebido, Fermín!... ¡Tú estás peneque, Fermín!...

El tartanero, furioso, le volvió la espalda y se marchó rezongando injurias.

XXIX

Hacía rato que el sereno de la calle Larga cantó las once y media. Puertopomares reposaba en el crespón fresco, lleno de enigma, de una noche sin luna. Las pisadas de los trasnochadores resonaban en el silencio limpiamente; sus sombras se alargaban oscilantes bajo la luz de los faroles.