—Pues... ¡no tenga usted prisa! Acabe usted lo que esté haciendo con todo sosiego; yo aquí le aguardo.

Don Ignacio no comprendía.

—¿Pero, tú qué buscas?... ¿Tú qué necesitas ó qué quieres?...

Estas preguntas, formuladas con cierta destemplanza colérica, llenaron de estupefacción el semblante carrilludo y cetrino de Fermín.

—¡Yo no quiero ni busco nada, don Ignacio!...

—¿Entonces, qué?... ¿A qué has venido?

—Yo he venido cumpliendo el recado que me dieron.

—¿Un recado? ¿Te han dado á ti un recado?

—Sí, señor.

—¿De parte de quién? ¡Que me maten si entiendo!