—¿Qué ha sido eso?... ¿Un mareo, verdad? ¿Quiere usted beber un sorbo de agua?
Don Ignacio pareció recobrarse:
—No—dijo—, no es nada; muchas gracias.
Don Elías se volvió hacia la reunión:
—Ha sido un desvanecimiento producido por la lectura. Leer en alta voz aturde; he tenido ocasión de comprobarlo personalmente más de una vez.
—No es eso—contestaba Martínez—; no es eso...
¿Cómo explicar en pocas palabras el efecto que la revelación de Rita Paredes le había producido? ¿Cómo decir que, asociando las sugestiones á que la mujerona se refería con las alucinaciones de doña Fabiana y de Fermín, acababa de tener la convicción vertical, irreductible, de que el hombre pequeñito era un espíritu sabático?...
Para excusar explicaciones, el señor Martínez se levantó:
—Señores, ustedes van á permitirme que me retire...
Fernández Parreño, don Juan Manuel, don Dimas y don Isidro, quisieron acompañarle.