—Desde hace ocho ó nueve años. No sabría precisar ahora cuántos.

—¿Fueron ustedes muy amigos?

—No, señor. Nos saludábamos en la calle y nada más. Puedo decir que sólo le conocía de vista, como conozco á todos los vecinos del pueblo.

—¿No alimentaba usted contra él ningún motivo de resentimiento?

—Absolutamente ninguno.

—¿Los padres de usted conocieron al interfecto?

—Lo ignoro. Supongo que no.

—¿Dónde estaba usted la noche de autos?...

—En mi casa, probablemente, porque casi nunca salgo á la calle después de cenar.

—¿Qué impresión le produjo la muerte del señor Frasquito?