—Una impresión de piedad. Le creía un hombre inofensivo y bueno. Recuerdo que al siguiente día tropecé con su entierro y me uní á su comitiva.

—¿Por qué?...

Esta pregunta, que en otra ocasión cualquiera habría parecido ociosa, interesó á la Sala. También sorprendió á don Gil, que se alzó de hombros.

—Porque sí—repuso. Su voz era tranquila.

El fiscal continuó:

—No comprendo entonces la participación activísima que Rita Paredes y su hermano le atribuyen á usted en el asesinato del señor Frasquito. Ambos afirman que tan coautor como ellos es usted de esa muerte.

—Tampoco yo lo comprendo, señor fiscal.

—¿Frecuentaba usted el trato de Rita?

—No. Con quien he hablado algunas veces es con su hermano. A ella la conocía de vista, sabía su historia y nada más.

El fiscal invitó á Rita Paredes á levantarse.