—¿Qué es?—exclamó extendiendo una mano hasta palpar á su hija—; ¿qué es?... ¿Sucede algo?

Y la niña:

—¿Por qué gritabas, mamá? Me has asustado; ahora siento mucho miedo.

—¿He gritado, dices?...

—Sí; diste un grito horrible. ¿Soñabas?

Tardó en responder.

—Sí, creo que sí...

—¿En qué soñabas?

—No sé, no me acuerdo. Ea, duerme.

Destosió, se frotó los ojos, procurando entrar en posesión de sí misma. Antoñita decía bien: había soñado. Tenía los brazos cruzados fuertemente sobre el pecho, lo que produce pesadillas.