—Margarita... Lorenza... Margarita... pronto...
En un santiamén estuvieron en pie y medio vestidas.
—¿Qué sucede?...
—Venid conmigo, venid...
Asustadas y restregándose los ojos, siguieron á su ama.
—¿Qué sucede?
—Silencio; hablad bajo...
—¿Se ha puesto enfermo don Manuel?
—No sé; quizás esté difunto; no sé. Tenéis que ayudarme á sacarle de aquí.
Lorenza y Margarita, con ese valor peculiar de las mujeres en los grandes peligros, replicaron: