—¿Y Roberto?—preguntó.

—No sé, por ahí andará.

—Por más que miro, no le veo...

Cuando llegaron al anfiteatro principal, Carmen entregó a su madre los tres billetes de sus asientos.

—Ahora—dijo—, Mercedes y yo vamos a platea.

Doña Balbina quiso detenerlas.

—Esperen ustedes, aún es temprano.

—No lo crea usted, han tocado el primer aviso.

Habían entrado en el anfiteatro y la joven se acercó a la delantera.

—¿Ve usted?—añadió—, los músicos ya ocupan sus sitios; esto empezará en seguida. Ea, adiós...