—No está—murmuró la anciana desfalleciendo.
—¡No está!...—repitió don Pedro, pálido.
—No; ha salido.
—¡Ha salido!...
—Sí...
—¿Dónde?
—No sé.
—¡Es raro!...
—Sí... sí... en efecto...
Y agregó, temiendo que el anciano se enfureciese:
—No está—murmuró la anciana desfalleciendo.
—¡No está!...—repitió don Pedro, pálido.
—No; ha salido.
—¡Ha salido!...
—Sí...
—¿Dónde?
—No sé.
—¡Es raro!...
—Sí... sí... en efecto...
Y agregó, temiendo que el anciano se enfureciese: