—¡Cómo!—exclamó Mercedes—: ¿vais a dedicaros al teatro?... ¿Y tendréis valor para salir a escena?...

—¿Por qué no?—repuso Nicasia riendo—; las actrices viven muy bien, ganan mucho... y además, la vida del teatro es muy alegre.

—Aunque así no fuese—dijo Carmen—, la renta que nuestro buen padre nos dejó al morir, es exigua, los gastos que tenemos muy grandes, y cuando hay la obligación de sostener una familia, urge trabajar... ¡Tú no sabes lo que es eso!...

Hablaba seriamente, con autoridad de mujer experimentada, y Mercedes la miraba sorprendida de verla tan reflexiva y previsora.

—¿Y tú—preguntó Carmen—, qué piensas hacer?

Mercedes se encogió de hombros, con la despreocupación del niño que aún tiene muchos años por delante.

—No sé...—dijo.

—¿Esperas casarte?

—Sí...

Carmen hizo un gesto vago y sonrió. Las mujeres predispuestas a caer, siempre se empeñan en afirmar que los hombres son incasables.