—Eso es difícil—dijo.
—¿Difícil?... ¿Por qué?...
—¡Oh!... ¡Qué sé yo!... ¿Tienes novio?
—No...
—¡Bah!...—interrumpió Nicasia—; si no buscas novio, ¿cómo vas a casarte?...
Mercedes se puso muy colorada: tenía reparo en confesar que no la dejaban salir sola a la calle y que jamás había hablado con un hombre.
—Nosotras—agregó Nicasia con esa despreocupación que infunde la inocencia de las niñas o la impudicia de las cortesanas—hemos tenido muchos novios...
Los progresos musicales de Mercedes eran tan rápidos, que bien pronto figuró entre las alumnas más aventajadas de la clase. Carmen Vallejo, que no era envidiosa, le aconsejaba:
—Tú debías seguir nuestro ejemplo y dedicarte al teatro. Tienes muy bonita voz, eres guapa... Yo, el año próximo, ingresaré en la clase de declamación...
Mercedes movía la cabeza tristemente.