—A mí también me gustaría ser actriz.
—¡Oh, no puedo!
—¿Por qué?
—Porque... no me dejarían mis padres.
—Tonta... a tu madre la convences en seguida, y a tu padre... ¡quién sabe!... sobre todo, los verdaderos artistas, los artistas de corazón, no deben acatar más dueño que su propio instinto, y seguir resueltamente por donde ese instinto les dirija...
—¿Y a ti, te dejan?—preguntó Mercedes preocupada.
—Sí. Mi madre no aplaude nuestra determinación, pero tampoco se opone a ella. Además, contamos con la protección de un pariente, que es actor.
—¡Ah!
—Sí, un primo nuestro, Roberto Alcalá... de quien tal vez has oído hablar...