Hubo un momento de silencio, durante el cual Gómez-Urquijo pareció abismarse en retorcidas cavilaciones.
Luego dijo:
—¿Dónde va Mercedes?
—A su cuarto, a dormir—repuso Balbina clavando sus ojos lagoteros de mujer sumisa en los profundos y graves de don Pedro, y añadió:
—¿Por qué lo decías?
—Porque cuando salió de aquí llevaba un libro.
—¿Lo viste tú?
—No... pero casi todas las noches suele dormirse leyendo.
—¡Ah!