—¿Cómo se llamaban? ¿Hubo alguna tocaya mía?...
—No... sí... no recuerdo...
Otras veces ella decía, avergonzada de su propio candor:
—Como eres un pillo muy grande, supongo que esas mujeres serían para ti algo más que novias... Algunas descenderían a queridas...
Él negaba débilmente, satisfecho de que le juzgasen hombre peligroso. Mercedes insistía.
—¡No seas hipócrita, dime la verdad! ¿Las quisiste mucho?
—Psch... regular...
—No.
—¿Por qué?...