—Adiós, Lola, en busca tuya íbamos... ¿Y los bordados?

—Mañana te los daré; la señora que había de traérmelos me envió esta tarde un recado, diciendo que está enferma.

Mientras las dos mujeres hablaban, Roberto y Luis Herrera saludaron al individuo que acompañaba a Dolores.

—Adiós, Juanito...

—¡Hola, queridos!...

—¿Dónde vas?

—¿Qué sé yo? ¡Por ahí!... Por donde van las mujeres y el humo...

Era un joven de mediana estatura, elegante y simpático, de nariz aguileña y ojos acerados de mirar muy firme.

—Pues nos hemos topado por una casualidad—exclamó Dolores dirigiéndose a los hombres.

—¿Por qué?—dijo Luis.