—¿Qué sería de nosotros si una noche Mercedes se fuese para no volver? ¿Qué sería de mí al saber que respiraba un hombre que podía jactarse de haber tenido en sus brazos a la hija de Gómez-Urquijo, a esa criatura que simboliza mi sangre y mi historia?...

Avanzaba hacia doña Balbina, agitando sobre su cabeza su brazo irritado.

—¡Ah, imbécil, imbécil! Tú serás la perdición de todos...

Balbina Nobos tuvo un gesto instintivo de defensa; el movimiento del toro moribundo que, acosado por su matador, levanta por última vez la cabeza.

—¿Yo?—gritó espantada.

—Tú, sí... tú serás la perdición de Mercedes.

—¡Y tú también!...

Lo dijo con tal firmeza, que Gómez-Urquijo vaciló.

—Tú eres tan responsable como yo de lo que suceda—prosiguió la anciana—; ¡los dos, los dos, los dos!...

—¿Estás loca?...