—Confiesa que no me equivoqué—agregó don Pedro.

—Se equivocó usted—repuso Mercedes con acento resuelto.

—Pues, a pesar de tu negativa, creo que muy cerca de allí, tal vez en la calle Mesonero Romanos donde vive esa... Carmen, que te sirve para escudo de amoríos, había un hombre esperándote, y que ese hombre era Roberto Alcalá.

Mercedes había recobrado su aplomo y continuó negando rotundamente.

—Se engaña usted—decía—; no hay nada, absolutamente nada, de lo que usted supone.

—¿Lo juras?

—Se lo juro a usted.

—Entonces, ¿por qué no viene Roberto a verme?

—Lo ignoro.

—¿Es, acaso, novio de Carmen?