—No, no te vayas aún... espera...
—Imposible, necesito llegar a mi casa antes que mi madre.
El actor se había puesto en pie, abriendo los brazos, y la joven se precipitó en ellos.
—Adiós, Roberto, adiós... no me olvides...
Él la besaba enternecido; ella, vencida por su pasión y la triste solemnidad de aquella despedida, le besaba también.
—Adiós—dijo—, escríbeme, consuélame asegurándome que esta entrevista no será la última.
—¿Y te marchas así, sin prometerme lo que tanto deseo?...
Ella procuró desasirse; él la retenía por un brazo: así, forcejeando, llegaron a la puerta. Allí volvió a estrecharla contra su pecho apasionado, besándola en la nuca, detrás de las orejas, sobre los párpados... Mercedes desfallecía.
—¡Oh, déjame!
—¿Consientes?