La joven, que vislumbró en todo aquello la mano de Roberto, aceptó la idea con entusiasmo.
—¿A qué teatro iremos?—preguntó.
—A la Zarzuela. Representan Marina. Las entradas las ha regalada Mariano Cortés. ¿Le conoces?...
—Un muchacho periodista, amigo nuestro. Nos dió cinco billetes, sobraban dos y nos acordamos de ustedes...
Hablaba de prisa, con la volubilidad de quien se halla bajo el influjo de una gran emoción.
—¿No te sientas?—preguntó Mercedes.
—No, vuelvo a casa, tengo mucho que estudiar y que coser... ya ves lo que traigo; el vestidillo de todos los días... Vaya, abur.
Balbina Nobos, muy ufana del satisfactorio desenlace de aquel incidente, sonreía esforzándose en borrar el disgusto que su anterior negativa hubiese causado a la joven.
—Usted dispensará—decía—; pero como Pedro es así... tiene un carácter... Yo deploro...