—Calle usted, doña Balbina, lo que usted dice está muy en razón. Todas las madres, en el lugar de usted, harían otro tanto...
Mercedes y su madre acompañaron a Carmen hasta el recibimiento.
—La función—dijo la joven—empieza a las cuatro y media: nosotras vendremos por ustedes a las cuatro.
—¿Aquí?—preguntó Mercedes.
—Aquí o en otro sitio.
—Mi hija dice bien—repuso la anciana—; preferible sería que nos citásemos en la calle... Pedro, ¿comprende usted?... es así, tan caprichoso... Lo más insignificante le incomoda...
Y añadió:
—Si supiese que habíamos ido al teatro solas y a entrada general... ¡nos mataba!
—Entonces—dijo Carmen—nos reuniremos a las cuatro en punto, en el Pasaje del Comercio, que es lugar poco transitado.
—Bien.